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Amos Piper fue mi paciente por
un corto período de tres semanas. Pude observar durante ese tiempo,
para mi pesar y para mi descrédito del tratamiento aplicado, que
su condición se deterioraba paulatinamente. Empezaron a producirse
alucinaciones, o al menos lo parecían, particularmente según
el proceso típico de las ilusiones paranoicas de ser perseguido
y observado. Este proceso llegó a su punto álgido en una
carta que Piper me escribió y me envió por un mensajero.
Sin duda, la carta había sido escrita precipitadamente...
"Querido Dr. Corey: Como es
posible que no le vea más, quiero decirle que ya no tengo duda
alguna respecto a mi situación. Sé que alguien me ha estado
vigilando durante algún tiempo, y no es un ser terrestre, sino
una de las mentes de la Gran Raza. Ahora estoy convencido de que todas
mis visiones y sueños se derivan de ese período de tres
años durante el cual estuve desplazado, o "no era yo",
según decía mi hermana. La Gran Raza existe aparte de mis
sueños. Ha existido durante más tiempo que la medida humana
del tiempo. No sé dónde está. En la estrella negra
de Tauro o aún más lejos. Pero se preparan para trasladarse
otra vez, y uno de ellos está muy cerca.
"No he estado ocioso entre
visita y visita a su consulta. He tenido tiempo de hacer más investigaciones
por mi cuenta. Muchos hilos atados a mis sueños me habían
alarmado y me desconcertaban. ¿Qué ocurrió, por ejemplo,
en Innsmouth en el año 1928 para que el gobierno federal hiciese
explotar grandes cargas en el Arrecife del Diablo, en la costa atlántica,
cerca de esa ciudad?¿Qué es lo que había en ese pueblo
de la costa que dio lugar a la detención y consecuente desaparición
de casi todos los ciudadanos? ¿Y qué lazo unía a
los polinesios y a la gente de Innsmouth? Además, ¿qué
fue lo que descubrió la expedición Miskatonic Antartic de
1930-31 en las Montañas de la Locura, de tal naturaleza que se
ha mantenido en secreto para todo el mundo excepto para los sabios de
la universidad? ¿Cómo explicar la narración de Johannsen
sino como un relato corroborativo de la leyenda de la Gran Raza? ¿Y
no ocurre lo mismo con las antiguas ciencias de las naciones Incas y Aztecas?
"Podría continuar así
durante muchas páginas, pero no hay tiempo. He descubierto datos
de esos inquietantes incidentes, muchos de ellos acallados para no perturbar
a un mundo cargado de problemas. El hombre, después de todo, es
sólo una pequeña manifestación en la faz de un solo
planeta en uno solo de los muchos universos que llenan el espacio. Solamente
la Gran Raza conoce el secreto de la vida eterna, moviéndose en
el tiempo y el espacio, ocupando un lugar después del otro, convirtiéndose
en animal, vegetal o insecto, según las circunstancias.
"Debo darme prisa. Tengo poco
tiempo... Créame, mi querido doctor, sé lo que escribo..."
No me sorprendió mucho recibir
esta carta, pues sabía por la señorita Abigail Piper que
su hermano había sufrido una "recaída", al parecer
pocas horas después de escribir esta carta. Me apresuré
a ir a casa de los Piper. En la puerta me encontré con mi paciente.
Estaba completamente cambiado.
Demostró tener una seguridad
en sí mismo que no había tenido durante su visita a mi consulta
ni en ningún momento desde el día que le conocí.
Me aseguró que por fin había logrado el control sobre sí
mismo, que las visiones a las que había estado expuesto habían
desaparecido, y que ahora podía dormir libre de esos sueños
que tanto le habían molestado. Desde luego, no podía dudar
que se había recuperado, y no me era posible comprender por qué
la señorita Piper me había escrito esa nota desesperada,
a menos que se hubiese acostumbrado a que su hermano se hallase en un
estado desconcertante y que hubiese confundido su mejoría con una
"recaída". Esta recuperación era extraordinaria,
ya que el incremento de su miedo, sus alucinaciones, su intenso nerviosismo
y finalmente su rápida carta indicaban, con la misma evidencia
que un síntoma físico indicaría una enfermedad, el
derrumbre de su precario estado mental.
Me satisfacía esta recuperación,
y le felicité. Aceptó mi felicitación con una sonrisa
débil, y luego se excusó diciendo que tenía mucho
que hacer. Le prometí telefonear una vez a la semana, más
o menos, para vigilar cualquier retorno a la sintomatología de
su desesperado estado anterior.
Diez días después
le vi por última vez. Le encontré amable y cortés.
La señorita Abigail Piper estaba delante, algo turbada, pero sin
lamentarse. Piper no había vuelto a tener visiones o sueños,
y era capaz de hablar con franqueza de su "enfermedad", desaprobando
cualquier mención de "desorientación" o "desplazamiento"
con una insistencia que sólo podía interpretar como un ansioso
deseo de su parte de que yo borrara de mi mente todas aquellas impresiones.
Pasé una hora muy agradable con él; pero no podía
escapar a la convicción de que, mientras el hombre preocupado que
había conocido en mi consulta era un hombre de una inteligencia
pareja a la mía, el "recuperado" Amos Piper era un hombre
de una ineligencia muy superior.
En el momento de mi visita, me
impresionó el hecho de que se estaba preparando para unirse a una
expedición a la región del Desierto Arábigo. No se
me ocurrió entonces relacionar sus planes con los curiosos viajes
que había realizado durante sus tres años de enfermedad.
Pero los hechos posteriores me hicieron recordarlo.
Dos noches después, entraron
en mi consulta y la saquearon. Todos los documentos originales pertenecientes
al caso Amos Piper habían sido robados de los archivos. Afortunadamente,
movido por una intuición que no podría explicar, había
hecho copias de los más importates relatos de sus sueños,
así como de la carta que me escribió al final, que también
había desaparecido. Los documentos no podían tener valor
para alguien que no fuese Amos Piper, y Piper estaba ya supuestamente
curado de su obsesión, así que la única explicación
de este extraño hurto era tan rara que me resistía a admitirla.
Además, me enteré de que Piper salía para su viaje
al día siguiente, lo que establecía la posibilidad de ser
el instrumento -escribo "instrumento" deliberadamente- del robo.
Ahora bien, un Piper curado no
podía tener razón alguna para desear de forma tan manifiesta
que los datos permanecieran en su poder. Y en cambio, un Piper "recaído"
tendría todos los motivos para desear que estos papeles fuesen
destruidos. ¿Cabía suponer que Piper había sido desplazado
nuevamente? En este caso, el hecho no habría sido tan obvio como
la vez anterior, porque la mente que desplazaba la suya para cobijarse
en su cuerpo lo conocía ya y no habría tenido necesidad
de acostumbrarse otra vez a los hábitos y formas de comportamiento
del hombre...
Por increíble que pareciera
esta hipótesis, trabajé en ella iniciando unas investigaciones
por mi cuenta. Mi intención era, en principio, pasar una semana
-posiblemente dos- buscando respuestas a algunas de las preguntas que
Amos Piper me había hecho en su carta. Pero unas semanas no fueron
suficientes; el trabajo se prolongó durante meses, y a finales
de año estaba más confundido que nunca. Además me
encontraba en el borde del mismo abismo en el que había caído
Piper.
Pues algo había pasado en
Innsmouth en 1928, algo que había ocupado al gobierno federal,
y acerca de lo cual nada podía averiguarse, excepto los vagos y
terroríficos indicios de una relación con los batracios
de Ponapé. Y había extraños y alarmantes descubrimientos
en algunos de los templos de Angkor-Vat, descubrimientos que estaban relacionados
con la cultura de los polinesios así como de algunas tribus indias
del noroeste amiericano, y de otros descubrimientos hechos en las Montañas
de la Locura por una expedición de la Universidad de Miskatonic.
Había relatos de incidentes
similares, todos ocultos en misterio y oscuridad.. Y los libros -los libros
prohibidos que Amos Piper había consultado- estaban en la biblioteca
de la Universidad de Miskatonic, y lo que en esas páginas leí
resultaba horriblemente sugestivo a la luz de lo que había dicho
Amos Piper, y de todo lo que posteriormente comprobé. Lo que allí
se exponía, aunque indirectamente, era que en algún lugar
existió una raza de seres infinitamente superiores -llamémoslos
dioses o la Gran Raza, o con cualquier otro nombre- que trasladaban sus
mentes libres a través del tiempo y del espacio. Y si esto era
aceptado como una premisa, entonces podía ser también cierto
que la mente de Amos Piper había sido de nuevo desplazada por una
mente de la Gran Raza, enviada a investigar si todos los recuerdos de
su estancia entre ellos habían sido borrados.
Pero los hechos más inquietantes
de todos son los que han ido saliendo a la luz gradualmente. Me tomé
la molestia de indagar cuanto podía descubrir acerca de los miembros
de la expedición al Desierto Arábigo a la que Amos Piper
se había unido. Venían de todos los rincones del mudo, y
eran todos hombres de los que podía esperarse que tuvieran un interés
especial en una expedición de esta naturaleza: un antropólogo
inglés, un paleontólogo francés, un sabio chino,
un egiptólogo, y muchos más. Y supe que cada uno de ellos,
al igual que Amos Piper, había sufrido en algún momento
durante la última década algún tipo de ataque, descrito
variadamente, pero que innegablemente consistía en un desplazamiento
de la personalidad, lo mismo que Piper.
En alguna parte de esas remotas
tierras del Desierto Arábigo ¡la expedición entera
desapareció de la faz de la tierra!
Fue quizá inevitable que
mis persistentes investigaciones provocaran interés en sectores
ajenos a mí. Ayer un paciente vino a mi consulta. Había
algo en sus ojos que me hizo pensar en Amos Piper, la última vez
que le vi: una superioridad condescendiente, altiva, que me hizo encogerme
de miedo, así como cierta torpeza en sus manos. Y ayer por la noche
volví a verle, pasando bajo la farola de la calle de mi casa. Otra
vez esta mañana, como un hombre que estudia a otro, y a sus hábitos,
por alguna razón enrevesada para ser conocido por su víctima...
Y ahora cruzando la calle...
Las hojas sueltas del anterior
manuscrito fueron encontradas en el suelo de la consulta del doctor Nathaniel
Corey, cuando su enfermera acudió a la policía a causa de
unos ruidos alarmantes tras la puerta de la consulta, que estaba cerrada.
Cuando irrumpió la policía, el doctor Corey y un paciente
no identificado estaban arrodillados, intentando en vano empujar las hojas
hacia las llamas de la chimenea situada en la pared norte de la habitación.
Los dos hombres parecían
incapaces de agarrar las hojas, pero las empujaban hacia delante con un
movimiento similar al de los cangrejos. Ajenos a la presencia de la policía,
se ocupaban sólo de la destrucción del manuscrito y persistían
en sus esfuerzos poco naturales para conseguirlo con histérica
precipitación. Ninguno fue capaz de dar una explicación
inteligible a la policía o a los médicos asistentes, ni
era coherente lo que decían.
En vista que, tras un examen
minucioso, ambos parecen haber sufrido un profundo cambio de personalidad,
han sido trasladados para internamiento indefinido al Instituto Larkin,
el famoso sanatorio privado para dementes...
Derleth, A. & Lovecraft, H.P.
(1990). En: La habitación cerrada y otros cuentos de terror.
Barcelona: Alianza Editorial.
Esta narración nace a partir
de escritos dejados por el autor y recopilados por Derleth, quien hace
una colaboración póstuma de la obra del maestro. Por primera
vez publicada en julio de 1954 por Weird Tales, teniendo el copyright
August Derleth y Arkham House.
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